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El “Socialismo del siglo XXI” ha vivido del auge de precios del petróleo. El
maná petrolero fue el aceite necesario para instrumentar una política de gastos
fuertemente expansiva, transferencias populistas, financiamiento de experimentos
“socialistas inviables”, estatización a diestra y siniestra, controles de
carácter eminentemente punitivos y un tipo de cambio fijo que propició un
incremento exponencial de las importaciones. A partir de 2003 se obtuvo
crecimiento (que hoy en día ya muestra una importante desaceleración) con alta
inflación, pésima calidad institucional, una rampante corrupción e importantes
limitaciones en las bases necesarias para un crecimiento de largo plazo. A esta
situación, mala de por si, se le agrega un deterioro acelerado de servicios
claves, cuyos ejemplos mas notorios son la seguridad y la electricidad.
Con afán pseudo ideológico el régimen se embarcó en un proceso de despilfarro
internacional digno del Festín de Baltazar para comprar amistades que se
incorporasen al “nuevo eje geopolítico”. Además, a pesar de predicar la
posibilidad de una guerra asimétrica, emprendió una carrera armamentista con
compras exageradas de armamentos convencionales a Rusia.
Hoy la crisis financiera amenaza con convertirse en una recesión mundial de
cierta duración. Por lo pronto los precios del petróleo se han desplomado,
situación que de persistir podría golpear en forma muy grave a Venezuela.
Requiere, como indicó el economista socialista Maza Zavala, un enfoque nacional
y compartido para enfrentarla. El “Supremo” permanece sordo, se limita a vender
la ilusión de que el país está “blindado” por el supuesto ahorro de recursos en
Fonden, del cual no se rinden cuentas y nadie conoce el monto disponible.
Esta situación ha generado alarma. Es frecuente escuchar, a sotto voce,las
preocupaciones al respecto de muchos personajes políticos que, por ahora, aún
respaldan al gobierno. Sólo el “Supremo” se mantiene con los oídos tapados, o
para usar mejor metáfora, guareciendo la cabeza debajo de la arena como el
avestruz; y rezando a escondidas por las noches para que el capitalismo se
recupere pronto e impulse de nuevo los precios del petróleo, el factor central
para intentar imponer su soñada perpetuación en el poder. Con ese delirio como
única motivación, él es el obstáculo central para lograr un acuerdo nacional que
mitigue el impacto de la crisis en Venezuela. |